LÍNEA DE FUEGO

LÍNEA DE FUEGO + Seis Impresiones

Facultad de Música - Universidad de Nariño - 2009

9º 25' 42,94"

Laca sobre tela. 280x400cm. 2009

29º 39' 04,69"

Laca sobre tela. 300x300cm. 2009

30º 30' 30,56"

Laca sobre tela. 300x300cm. 2009

34º 27' 06,37"

Laca sobre tela. 280x400cm. 2009

Tríptico de línea de fuego - 31º 36' 21,61"

Laca sobre tela. 280x660cm. 2009

Tríptico de línea de fuego - 31º 36' 21,61"

Laca sobre tela. 280x660cm. 2009

24 Barrotes

Laca sobre tela. 150x600cms. 2009

Seis impresiones. Políptico.

Laca sobre tela. 200x900cms. 2009

Retratos. Políptico

Serigrafía de polvo de metal y carburumdum sobre papel. 130x150cms. 2009

LÍNEA DE FUEGO O EL TRÓPICO DEL DESASTRE

En el taller del artista las telas se amontonan en los escaparates como en una tienda del zoco. En el desorden, ese caos ordenado del bazar, Insuasty reconoce cada pieza y la busca con la misma avidez de un comerciante que ha encontrado un cliente. Él va describiendo sus virtudes mientras la desenvuelve lentamente y uno va recibiendo el impacto visual que desprende su colorido y su fuerza, el poder de sus dimensiones, la simplicidad de la mancha, hasta que queda extendida en el suelo sucio del taller, como una alfombra persa cuya artesanía y belleza atrapa los sentidos.

La obra de Insuasty es sobredimensionada. Sorprende su magnitud con el pequeño taller que tiene en la ciudad de Barcelona, esa ciudad de España que se siente francesa y que palpita desde sus cimientos romanos cultura y arte, pero que no obstante se mantiene como una aldea cuyo aire inquieto no acaba de tener acomodo. Puede ser que sea una ciudad sobredimensionada cuya belleza incuestionable nos permite vivir en el espejismo, pero ese no es el asunto;  a lo que me refiero es a la proporción-desproporción de la obra respecto del espacio físico del taller. El artista se desenvuelve, en ese espacio tomado, con la habilidad y soltura de un bibliotecario viejo. Alcanza la obra del escaparate y la enseña recogiéndose en una esquina desde donde nos guía en esa lectura de su trabajo, desvelando el sentido de su hacer, de su quehacer, y a la vez, revelándose, como en su técnica, ante nuestros ojos.

Porque la técnica de Insuasty es un revelado, un proceso de de invertir las formas y desvelarlas, revelarlas, como a la manera de los alquimistas, donde la intuición y la razón, luchan esa vieja batalla creadora que ordena, desordena, intuye, deduce, crea, recrea, y así, hasta que se impone una lógica, un equilibrio entre los contendientes y la obra es firmada y confinada a su lugar en la estantería del zoco taller. En el proceso de desvelarnos su obra, la conversación entusiasta y pausada de Edgar, nos va dejando la sensación de que se mueve con certeza en el azar, que prevé con anticipación el desenlace del caos, que ordena el desorden y que sabe a ciencia cierta los vericuetos del camino. Y es que el orden final en su obra no es solamente un asunto técnico, sino también, conceptual.

Sentado frente a uno de los enormes trípticos de sus volcanes que inician el proceso de “Línea de fuego”, él  va indagando, subido en ese cráter, sobre la naturaleza explosiva de los volcanes, su capacidad de destrucción, su capacidad de creación y de construcción del paisaje, etc., y propone una semejanza donde la medida es lo humano, el hombre en su sentido más amplio, estableciendo una relación con su carácter explosivo, donde el resultado es el dolor y el sufrimiento, la violencia y la destrucción, la guerra y el odio, elementos atávicos de una especie con gran capacidad creadora y a la vez terriblemente autodestructiva.

El volcán Galeras inunda de cenizas la hermosa ciudad de Pasto, y de ese rugido de la tierra que altera el plácido silencio andino, surge también la inquietud del artista sobre su propia naturaleza, como ser humano, como creador, como miembro de una comunidad violentada por la fuerza telúrica del odio, como ciudadano de un país golpeado por la violencia, la injusticia social, el crimen de estado, el paramilitarismo, la guerrilla, el narcotráfico, y un largo etc. de desgracias que nos convierten en el epicentro de casi todas los desastres. Desde ese origen que padecemos todos los colombianos, Edgar traza, desde dos puntos distantes de Colombia, dos coordenadas, dos sitios simbólicos, dos líneas eclípticas que proyecta como una sombra nefasta sobre el resto del planeta, revelándonos nuevamente, una dimensión geográfica que podríamos llamar, un trópico del desastre , en el que los puntos que nos señala, esas otras coordenadas escogidas, van evidenciando esos volcanes humanos: explosiones de odios políticos, desastres religiosos, barbaries, injusticias de la guerra y el hambre, genocidios y crueldades, miserias de la sinrazón de una especie antropófaga de ambiciones desmedidas.

Podría girar y girar la bola y los volcanes surgirían por todo el planeta, de norte a sur y de este a oeste, en un paisaje de grados minutos y segundos, líneas de fuego, cráteres humeantes, explosivos epicentros, a los que Insuasty nos acerca con su metáfora artística, poniendo el dedo en la llaga, desde su propio origen volcánico, en los dos sentidos, por el Galeras  que domina su geografía de nacimiento y su memoria, y ese otro volcán que es nuestro país, erosionado por una lava de sangre que nos recorre desde la “patria boba” hasta nuestros días, ese país en el que uno quisiera, que como máxima expresión de su furia telúrica, todo quedara, como el Galeras, en un rugido y una fina lluvia de ceniza. Solo ceniza.

Agustín Jiménez Pimentel

Barcelona. 2009-08-21

LÍNEA DE FUEGO

Las coordenadas son precisos puntos invisibles. Exactos lugares desconocidos. Habitados o deshabitados puntos y líneas que nos guían a través de un planeta extenso y complejo que se ordena con  grados, minutos y segundos para darnos un lugar en el mundo. 

La “línea de fuego” es una línea imaginaria de coordenadas. El  artista ha seleccionado un  punto geográfico al norte y otro al sur de Colombia proyectándolos como una sombra a través del planeta y  creando una especie de trópico del desastre a partir de la eclíptica o línea transversal que se permite cruzar el ecuador y los trópicos. En su recorrido esa sombra nefasta va hallando sus paralelas, no geográficas, sino de conflicto. Una línea de fuego convulsa, una línea explosiva, una línea que va uniendo ese espíritu ancestral del hombre, armado con un hueso, un arcabuz, un misil, por  los siglos de los siglos…

La obra nos guía en su recorrido por esos puntos exactos, que para la mayoría no nos dice nada, y que sin embargo a la luz de su traducción en lugares visibles, se revelan como espacios comunes, marcados por el volcán del conflicto. De allí que el volcán sea la metáfora de la que se vale el autor para introducirnos en epicentros de convulsión y violencia, donde la lava volcánica es para los mortales una lava de odio que lo impregna y destruye todo. 

Aquí en el punto 30º 30’ 30,56’’ o allá en el punto 11º 47’ 24,07’’ el volcán ruge y tiembla la tierra, el rojo tiñe de dolor ese mundo, esa sombra proyectada por este país convulso y autodestructivo, como quien arma un rompecabezas de tragedias, de coordenadas invisibles y localizables en un mapa desfigurado por la fuerza telúrica del hombre. Puro atavismo.

A.J.

9º 25' 42,94"

Laca sobre tela. 280x400cm. 2009

 
29º 39' 04,69"

Laca sobre tela. 300x300cm. 2009

 
30º 30' 30,56"

Laca sobre tela. 300x300cm. 2009

 
34º 27' 06,37"

Laca sobre tela. 280x400cm. 2009

Tríptico de línea de fuego - 31º 36' 21,61"

Laca sobre tela. 280x660cm. 2009

Triptico rojo - 15º 37' 59,35"

Laca sobre cuerina. 200x390cms. 2009

24 Barrotes

Laca sobre tela. 150x600cms. 2009

En la misma línea de búsqueda de seis impresiones, Veinticuatro Barrotes, alude a la penetración del espacio, a la vivencia interna en ese lugar donde el tiempo es detenido y a su vez, paradójicamente, continua su inexorable camino. El espacio es cuerpo, continente, recinto que nos atrapa y nos contiene. Lugar donde transcurre nuestra existencia interiorizada y oculta. Esa celda que nos limita y oprime nuestra propia naturaleza. Veinticuatro son las horas del día, veinticuatro son también los barrotes de esa celda que el artista recoge como una huella, la impresiona, y la revela, y en esa revelación descubrimos la relación física y temporal de la existencia, nuestro transitar sin camino, nuestro vuelo sin alas. Pero en la limitación del espacio del reo y nuestra propia limitación siempre cabe la esperanza, aunque para ello debamos desprendernos de nuestro cuerpo e ignorar esos barrotes. El trabajo es arduo pero no imposible si se aplica el principio oriental, profundamente filosófico, que nos propone que es posible conseguir la libertad en un metro cuadrado.

Seis impresiones. Políptico.

Laca sobre tela. 200x900cms. 2009

Seis impresiones es un viaje al interior del ser humano. Su primera frontera es el rostro, es la imagen externa. De ella se vale el artista para hacernos cruzar hacia un viaje intenso, cargado de misterio. Ese misterio se representa gráficamente en la presencia- ausencia de la totalidad, los rostros se diluyen, se fragmentan, se deshacen y se auto destruyen. Son rostros de reos, prisioneros, de seres humanos en cautividad, pero que proyectan su circunstancia a cada uno de nosotros, prisioneros a la vez de nuestros propios conflictos internos, atrapados en nuestras propias dudas existenciales, carentes de certezas y a la deriva en un mar revuelto sin horizonte a la vista. Cada uno está impregnado de su propia circunstancia, de sus vivencias, atrapado en los hilos de la memoria y arrastrado a la incertidumbre del devenir. Son rostros oxidados, envejecidos por su propia crueldad, así que el oxido que cae sobre ellos es el de su propia culpa, el arma ha sido pulverizada para terminar de imprimir una imagen que llena de contenido su propia existencia, enrojecida con el color del hierro como una metáfora de la violencia y del sufrimiento. El artista nos la presenta como una máscara en la que intuimos lo que oculta, el verdadero rostro que esconde. No se trata de una representación del culpable, porque ello carece de interés, sino más bien de una representación de lo humano en el sentido más amplio, el cual soporta sus propias vivencias como una carga ineludible que le representa en su yo interno y le proyecta a su yo externo, esa última frontera desvelada por la imagen que nos coloca todos frente a un espejo envejecido por nuestra propia experiencia.

Retratos. Políptico

Serigrafía de polvo de metal y carburumdum sobre papel. 130x150cms. 2009

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RISA DE NUEVE

RISA DE NUEVE

Galería Tinta Invisible. Barcelona 2006

Acción - Serigrafia de óleo y grafito sobre papel.

Nueve inmigrantes latinoamericanos en España responden a la pregunta si volver o no a sus países de origen. Cada uno representa progresivamente el número de años que lleva residiendo en el extranjero desde 1 hasta 9 años. De su retrato, solamente hemos extraído la risa.

RISA DE NUEVE.

Edgar Insuasty. Tinta Invisible. Barcelona. 2009

Por: Roy Francesc.

Nueve elementos gráficos componen una sola pieza, Risa de nueve, la última exposición individual del artista colombiano Edgar Insuasty, es una especie de confesión, “esta vez se trata de algo íntegramente intimista”, Nos dice Edgar cuando iniciamos nuestra charla en un pequeño cafecito de la calle Lleó del viejo barrio del Raval de Barcelona, muy cerca de la galería que ayer inauguró su muestra. “He interrogado a nueve personas con una única pregunta, ¿volver…? Y mientras uno por uno iba contestando yo me centraba en fotografiarles la boca, la sonrisa, tímida o resuelta que de vez en cuando se dejaba ver en la comisura de sus labios.” Pedimos un par de cafés y comenzamos a hablar de porqué nueve.

Edgar Insuasty  Bueno, ya son nueve años aquí y nueve es un parto y había que hacerlo. Una persona por año, cada una contando su experiencia en uno, dos, tres años y así hasta nueve, lo mejor es la forma definitiva en que influye el tiempo en la gente, el primero está tan absorto en el descubrimiento de lo novedoso que no ve nada más, pero el último es dramático, más complejo, entran en juego la distancia y la melancolía y cosas de esas.

Roy Francesc  ¿Y tú, te identificaste con alguno en especial?

E.I.   Puede. (Risas) te lo contaré más adelante...

R.F. La idea de fotografiarlos sonriendo funciona como una ironía? Porque algunas de las respuestas, sobre todo las últimas, son más bien tristes…

E.I.  El simbolismo de la boca viene asociado con un doble polo muy gráfico, por un lado está el elemento consumidor o “devorador” diríamos mejor, y por otro el del verbo creador, la comunicación, la palabra, el hombre dice y a la vez devora, y a ésta última también sabemos que se asocia el fuego o la destrucción, fuego y creación, el punto de unión de los dos mundos, el interior y el exterior; las personas a las que interrogué responden a la pregunta de forma práctica, se sienten bien o no tan bien en función del tiempo que llevan lejos de su país, pero en el fondo hay algo más fuerte, la situación, el estar divididos, eso es más interesante y ver cómo influye el espacio y el tiempo…

R.F. ¿Gráficamente también?

E.I.   Claro, si te fijas bien, la imagen va transformándose poco a poco a medida que pasa el tiempo, el hombre de la primera imagen sonríe como el de la última pero la reproducción es distinta, al principio es una sonrisa, al final, una mueca, casi como una abstracción.

R.F.  En esto influye el que las nueve piezas sean obra gráfica, es decir una pieza que se reproduce?

E.I.   No del todo, porque lo más importante no es que sean serigrafías sino que son piezas manipuladas, una a una, hice una edición corta de cada pieza y aunque todas parten de la misma base, es en la manipulación parcial en que se concreta la serie y la linealidad por supuesto.

R.F. Técnicamente resultan muy atractivas…

E.I.   Si. Pero eso no es lo relevante. No se trata de eso.

R.F.  Es entonces una estrategia…

E.I. Exacto. Las nueve serigrafías, las bocas, el simbolismo de la sonrisa y la boca y todo eso, la trascripción de los textos, funcionan correctamente, pero lo que a mí me interesa es la acción, lo que sucede mientras yo elaboro y desarrollo la idea, la estrategia de la que hablamos es muy personal y con ella se asocia directamente mi noción de hacer arte. Yo planteo una situación, lo que sucede mientras se desarrolla la acción es lo que realmente me mueve a hacerlo. El arte debe suceder, no ser para estar colgado y visto. Quiero decir que hay una implicación temporal y espacial en el hacer una obra, intento que no sea solo cosa mía, 

R.F.  Hubo gente que se identificó con los textos o con los personajes digamos…

E.I.  Sí, pero eso es natural, se trata de respuestas de gente que ha migrado y en esta ciudad hay muchos inmigrantes, son historias comunes. Por eso yo me quedo con lo que hay detrás, la transformación, la vulnerabilidad, la fragilidad que aumenta progresivamente, el tiempo que lo devora todo.

R.F. ¿Trabajas con las circunstancias? Porque eres un inmigrante también y supongo que eso te ha marcado desde el principio.

E.I.  Claro.

R.F. En algunas de tus piezas anteriores, hemos visto también esa relación, cuando trabajabas con los filtros de café cocidos en café de Colombia hablando de esa metáfora de la migración por ejemplo, o cuando  relacionabas los viajes con la poética del espacio que queda en una patera vacía…

E.I.  Sí, es correcto, pero la inmigración no es una circunstancia única, el fenómeno es más complejo de lo que parece, yo no hablo solo de migraciones, sino de la forma en que los sucesos influyen en la gente y en mi directamente; la manera en que la debilidad y el límite de la fragilidad hace mella en la apreciación de la realidad, en lo que la gente muestra o cómo lo hace.

R.F.  Terriblemente frágiles…

E.I.   Más de lo aparente. Somos vulnerables a la fragilidad.

R.F.  ¿Y la realidad?

E.I.   Nos engañan siempre. Lo que se nos muestra no es del todo cierto. Me gusta pensar que nada es como lo pintan, nada mejor dicho, eso es dramático porque seguimos a una realidad parcial, con lo que nuestra verdad es tal, mitad lo que vemos y mitad lo que nos dicen. Luego está el juicio y cómo tú o yo reaccionamos. Pero todo esto es ya un hábito, todo el mundo lo sabe y lo hemos aceptado, de ahí que sea tan importante la inmediatez, la respuesta inmediata a la pregunta, el documento tiene mucho de eso, el suceso, a diferencia de la ficción que nos lleva a imaginar lo posible, lo mejor es que la ficción tiene también un gran porcentaje de realidad, de ahí la complejidad de plantear ficticiamente un fenómeno.

R.F.  Según esto tus obras tienen algo de ficción y algo de documento…

E.I. En el caso de “Risa de nueve” si, bueno, y algunos otros también. Antes me preguntaste si me identificaba con alguno de los entrevistados y debo ahora decirte que los entrevistados no existen más que en la necesidad de crear la ficción de un documento, es como una contradicción, es verdad, pero creo que al hacerlo se cuestiona la realidad, son ficción, soy yo mismo respondiendo a la experiencia migratoria, no obstante, siento que no es lo que importa realmente porque lo único verdadero es que las emociones manifestadas son comunes a una multitud y eso las hace ciertas, con eso se hacen documento.

A medias entre documento y ficción, la obra de Edgar Insuasty busca responder  a la propia experiencia del autor al cabo de nueve años de estancia extranjera, bien sea lejos de su país de origen o de sí mismo. 

A todo esto, la camarera del pequeño café, una mujer joven, también extranjera, se presenta con la cuenta, pagamos y salimos, en la calle, cientos de paquistaníes, chinos, rumanos…

 

Jimmy O.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

El próximo 27 cumplo un año aquí. Estoy sorprendido. Mi padre era español y navegante, era el cocinero de un buque de carga, yo vine por las historias que él me contó cuando vivía y viajaba y volvía, ahora yo quiero quedarme, para siempre… (..Risas…) me encantaría, no pienso volver…”

Marina Z.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

Tengo 33 años y nací en Cumaná, al norte, en la costa, cerca del agua. Hace dos años que vivo aquí, cerca del agua también. Trabajo y gano pasta y estoy feliz… (..Risas…) tengo papeles, todo está perfecto.”

Fina H.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

Vecina de toda la vida, - dice ella sonriente-, de la fuente de la Herenni, la plaza. Ya son tres años viendo la misma fuente. ¿Volver? No hijo, ya para que, si tengo 76 años y aquí están mis nietos, yo ya me muero aquí y que me entierren donde puedan.”

Francisca H.  

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

“Cuatro años por aquí y me parece una eternidad. Vine de turista por tres meses y ya ves… unos días antes de volver conocí a alguien, me enamoré y hasta ahora… (..Risas…), si esto se acaba puede que piense en regresar, pero regresar a dónde? Porque he ido dos veces allá y cuando vuelvo acá también tengo la sensación de estar regresando, no sé… A mí todo me resulta igual…”

Diego W. Marcos.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

Yo diría que no quiero volver, pero no es cierto. No vine a ganar dinero, quería estudiar y lo estoy haciendo, cuando termine tendré que volver, claro, volveré sin un duro… (..Risas…) después de cinco años aquí volveré sin un duro, bueno, sin un duro pero doctor, eso a mí me vale, doctor para mi vale… (..Risas…)”

Maria B.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

Al principio, -dice-, todo era novedoso,” tenía la ilusión de acostumbrarse a esto, pero ahora todo le suena igual, su familia sigue allá, “ya son seis años”, -insiste- y debe ganar dinero y enviarlo; “Umm..! Lo mismo de todo el mundo, -continúa-, unos se quedan y otros nos vamos y seguimos pensando en volver, eso es lo que no pasa, dejar de sentir las ganas de volver algún día, esas ganas me dan algo de felicidad, volveré cuando pueda…” 

Finalmente esbozó una sonrisa.

Iván R. 

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

Iván es un tipo, como poco, curioso. Cuando sonríe muestra los dientes como si fuese a devorar algo. “…Soy un exiliado pensador siete años a la espera…”, dijo y quizás por eso me pareció que tenía cierta rabia contenida. Le pregunté si pensaba volver a su México natal y creo que me respondió pero se fue por las nubes, yo no entendí del todo su respuesta pero la transcribo tal cual:

“A esta altura del asunto ya no nos importan los niños, no nos da la gana que sean mayores o menores, o si hace calor y sudamos como sudan las ventanas en esta ciudad cuando hace frío y está nevando, si en todas partes es lo mismo, aquí en la U.E o al sur de los E.U, qué más da si llevamos guantecitos de lana en las manos o de cuero curtido para un punk inglés, si perchas hay por todas partes. Qué más da si una fila de botones se parece a una procesión desordenada de imperdibles punzantes. Aquí también hace frío y por allá no escampa. No es como lo pintan. Un espejo muestra el deseo más que la imagen y así nada es seguro, todo es solamente posible…”

Eduardo D.

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

De eso de volver lo más fuerte es la despedida, es doloroso y grande a la vez. Yo llevo ocho años aquí y he vuelto unas cuatro veces. Creo que es como en el cine. Tú estás allí, en la sala oscura creyéndote la realidad como esas imágenes enormes y  alfombradas de estridentes sonidos y de pronto, ya está se acabó. Y mientras te atrae la luz del exterior vas creyéndote nuevamente que vuelves a la verdadera realidad. Pero ese no es el caso, eso es lo normal, ya lo sé, espera, te decía que es como el cine, digamos que acabas de ver los créditos de una gran película, por ejemplo, y que ya has recogido tu abrigo marrón y tu bolso negro, como de costumbre, vas hacia la puerta y comienzas a llorar… (..risas…) ¡si si..!, una fuerte sensación de ahogo en la garganta y un respiro, como en el supermercado donde no puedes llorar claro tu sabes, te miran, te mira todo el mundo, pero en el cine no, está oscuro y todos van en tu dirección, sabes? Si, en tu misma dirección, hacia fuera y no ven tus ojos humedecerse mientras piensas que no era cierto lo de la despedida. Esa terrible sensación de haberlo tenido todo y perderlo en el abrazo de despedida, porque en el cine lo tienes todo por lo de las imágenes, la fantasía, tú sabes, la vives en real carne propia y de pronto, ya está! Has pagado, has visto y vivido pero ya está, de nuevo el mundo caminando, migrando y entonces te duele y lloras, porque se acabó, ¿lo ves? Cuando te vas ya no te escuchan. Ellos al otro lado y tú aquí, en silencio, y es bello ese silencio tan parecido a la distancia.”

Rodrigo I.  

Serigrafia de óleo y grafito sobre papel. 90x65cms. 2006

“No lo sé. Nueve años son como un parto. Me he perdido, como en un laberinto melancólico y también solitario. No puedo responder a tu pregunta.”

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